Comentarios

La Administración pública como sujeto en La Peste de Albert Camus (contiene spoilers)

Grandes males suceden y sucederán en la historia, la vida desde su nacimiento se ha visto continuamente sujeta a los embates de la naturaleza de la que es hija, embates que dependiendo de su magnitud nos obligan recapacitar sobre el lugar que ocupamos en el escenario de la realidad que nos toca vivir.

Sin embargo, frente al caos, que es muchas veces inaprensible por nuestra racionalidad, utilizamos nuestro ingenio para crear murallas que nos permiten definir un orden donde poder vivir, un hogar. Una de estas murallas es el Estado, el cual se integra y define por las personas que por decisión, vocación o necesidad le encarnan.

En la Peste de Camus la Administración pública no es uno de los personajes, sino el principal, pues es el actor que encarna en gran parte la respuesta ante la enfermedad, este actor se ve en todo el personal que atiende la emergencia, desde la salud hasta las fronteras. Y es que ante la ola desproporcional solo la muralla más alta le hace frente.

La respuesta no es definitiva al comienzo pues las autoridades temen al miedo en la población y a sus repercusiones en la vida, esto pese a los llamados de atención del cuerpo médico, por ello se pide cautela a la espera de un mejor diagnóstico. La sola idea de hablar de peste genera temor en el mando y más aún cuando la enfermedad no se deja ver en su total magnitud.

Sin embargo, la realidad apremia y comienza a cebarse con la población como urgiendo a una respuesta, la medida tímida de aconsejar, que es la primera en ser adoptada, genera suspicacias y apenas cambios. La enfermedad toma rumbo ante la poca atención y comienza a asustar a la población que observa el crecimiento exponencial de las cifras publicadas en periódicos locales.

La Administración asume un cambio de mentalidad y genera medidas drásticas como el cierre de la frontera de la ciudad, del puerto y el internamiento de todas las personas enfermas, esto último genera incidentes pues las familias saben bien que la enfermedad es todo menos bondadosa.

El Estado encarnado en el Dr. Castel vive el miedo de lo desproporcionado, pero se refugia en la acción y la racionalidad, no es momento de doblegarse ante el caos, sino de combatirlo con todos los medios posibles así uno termine por hacerse trizas en el camino, la vida tiene que perseverar.

En esta etapa media se observan los cuadros de la angustia en la población, de las medidas de gestión de los cadáveres, su traslado en tranvía durante la noche y los entierros masivos en fosa, de la fuerza en las fronteras y de asumir con ortodoxia las medidas de salubridad. El Dr. Castel soporta y apoya a su amigo Rambert, quien encarna al extranjero que quiere retornar a la patria y también al romanticismo que reclama la unión con la amada; sin embargo, la empatía tiene límites.

Ahora bien, como se dijo el Estado asumió en gran parte el peso, pero asimismo la población otro tanto, la muestra de ello es Jean Tarrou, quien impulsa una defensa de la vida desde comités de ayuda integrados por civiles, elementos clave en medio de la emergencia.

La enfermedad lucha ante las medicinas, sueros, que se crean por el cuerpo médico, se dan cuadros duros que muestra el empecinamiento de la plaga, las victimas se suceden sin descanso y pese a retrocesos breves el mal persiste; sin embargo, las murallas logran contener a la enfermedad de poco en poco, el Estado y la sociedad civil con ayuda de la ciencia reducen la mortandad no sin un precio alto a pagar.

Con lo escrito no se pretender reclamar que el libro es un correlato de nuestra realidad, pero sí afirmar que con todos los defectos que existen hay muchas personas que actualmente afrontan un mal enorme y lo hacen para defender la vida, estas personas encarnan el fin de luchar que bien expresa el libro, ellos son pues la verdadera muralla, la Administración pública más noble.

Cthulhu