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Traducción del artículo periodístico “How Klobuchar and Hawley See Things When It Comes to Technology” publicado en la pagina web del diario New York Times el 13 de mayo de 2021, por Sghira Ovide. COMO KLOBUCHAR Y HAWLEY VEN LAS COSAS CUANDO SE TRATA DE TECNOLOGÍA

 

¿Le gustaría leer el libro de un senador de los Estados Unidos sobre la Ley Antimonopolio[1]? ¿No? ¿Qué tal dos libros de senadores estadounidenses sobre la Ley Antimonopolio?

El senador Josh Hawley, republicano de Missouri, y la senadora Amy Klobuchar, demócrata de Minnesota, publicaron recientemente libros con un total de 825 páginas sobre la historia del escepticismo estadounidense sobre sus grandes y poderosas corporaciones.

Los leo a ambos y no recomendaría que otros mortales sigan mi camino.

Pero los libros son notables, aunque solo sea por lo que estos senadores en lados opuestos del espectro político concuerdan: quieren regulaciones más estrictas, nuevas leyes, jueces más agresivos y movimientos ciudadanos dispuestos a encorsetar lo que ven como la enorme élite empresarial de Estados Unidos, especialmente en tecnología como Google, Facebook y Amazon. Simplificando, para estos dos libros Teddy Roosevelt[2] era bueno y la gran tecnología es mala.

No quiero sacar demasiadas equivalencias erradas. El «Antimonopolio[3]» de la Sra. Klobuchar muestra profunda investigación y es completo. (Quizás demasiado completo). “La Tiranía de las Grandes Tecnologías” de Hawley es un desorden ampliamente incoherente. Pero déjenme explicarles algo que aprendí al leerlos:

Los senadores coinciden en que lo grande es malo. Una de las visiones más extrañas de la moderna política estadounidense es cómo poderosas empresas tecnológicas como Google y Facebook han generado odio bipartidista. Tienen pocos amigos. Ciertamente no estos autores. Para ellos, el poder de las empresas de tecnología es emblemático de lo que sale mal cuando se deja a las grandes corporaciones hacer lo que ellas quieren. Es extraño, en serio, cuan parecidos suenan.

El libro de Hawley comienza con la anécdota de una reunión de 2019 con Mark Zuckerberg en la que el senador dice que desafió al jefe de Facebook a disolver su empresa. (Zuckerberg dijo que no, no es de sorprender). “Los magnates de la tecnología han llegado al poder apoyados en una ideología que bendice la grandeza -y la acumulación del poder – en la economía y el gobierno”, escribe Hawley.

Y Klobuchar: «La gran cantidad de fusiones y adquisiciones, el descomunal poder monopolístico y la grotesca práctica de exclusión en el sector de las grandes tecnologías ejemplifican que es lo que está sucediendo con el poder de LO GRANDE».

Bastante similar, ¿no?

Hawley y Klobuchar están canalizando la opinión de algunos economistas y juristas de que la acelerada concentración de muchas industrias estadounidenses es la principal causa de muchos problemas, incluyendo la inequidad en los ingresos. Desde este punto de vista, si las leyes de EE. UU. reforzaran más efectivamente la competencia, los estadounidenses tendrían mejor atención médica, facturas de teléfonos celulares más baratas y más control sobre lo que sucede con nuestros datos digitales.

Vaya, les gusta Teddy Roosevelt. Ambos senadores sienten nostalgia de cuando el expresidente desafió a las grandes corporaciones de su época en los ferrocarriles, el petróleo, las finanzas y otras industrias. (Esta visión de la historia, pero especialmente la de Hawley, está un poco fuera de lugar).

El objetivo del culto al héroe es decir que la ley de los Estados Unidos y los estadounidenses a través de la historia han luchado contra las empresas que sentían que se estaban volviendo demasiado poderosas. Los senadores quieren recuperar ese espíritu de rebelión tanto de la ciudadana como del gobierno contra la «enormidad[4]» empresarial. Este es también un punto que la profesora de derecho y abogada en derecho de la competencia[5] Zephyr Teachout plasmó en su libro sobre monopolios el año pasado. (Sí, hay muchos libros sobre derecho de la competencia[6]).

Si desea leer en detalle sobre la huelga de Pullman de 1894 y el movimiento granjero que se opuso a los monopolios agrícolas después de la Guerra Civil, entonces Klobuchar tiene el libro para usted. Ambos senadores están tratando de que la gente vea y se preocupe por las consecuencias de los monopolios en sus vidas. el mensaje que desean transmitir es que las personas que sienten que el sistema y la economía no funcionan para ellos deben involucrarse en el derecho de la competencia.

La mejor idea: dejemos de llamarlo «antimonopolio[7]«. Klobuchar dice que la palabra es un artificio de las gigantescas corporaciones del siglo XIX como la Standard Oil y ya no tiene sentido para los estadounidenses del siglo XXI. Está en lo correcto. Klobuchar dice que, en cambio, deberíamos empezar a hablar de política de competencia, monopolios o simplemente «Bigness»[8]. Y sí, Klobuchar reconoce que su libro se titula «Antimonopolio».

¿Y el Congreso? Ambos senadores coinciden en que los organismos de control y los tribunales no han logrado impedir que las grandes empresas crezcan aún más y abusen de su poder. Para ninguno de los dos hay tiempo suficiente para acabar de culparse entre ellos y a sus pares del Congreso por esto.

Es el trabajo de las legislaturas redactar leyes que les digan a las empresas lo que pueden y no pueden hacer, y otorgarles presupuesto y autoridad a los organismos de control del gobierno como el Departamento de Justicia para hacer cumplir las reglas. En otras palabras, ESE ES SU TRABAJO, SENADORES. En sus libros, los senadores mencionan deliberadamente proyectos de ley que han propuesto para limitar a las grandes empresas de tecnología. Son menos comunicativos al hablar de los fracasos en la aprobación de esos proyectos de ley o si fueron buenas ideas en primer lugar.

Klobuchar, por ejemplo, encabezó una legislación en 2017 que habría obligado a empresas de Internet como Facebook a revelar lo que las organizaciones estaban gastando en anuncios políticos, igual para revelar esa información de los medios convencionales. No ha pasado.

Los senadores son mejores cuando hablan acerca de sí mismos. Klobuchar habla de familiares que emigraron de Eslovenia a principios del siglo XIX y trabajaron en minas en condiciones terribles y con salarios bajos. En su relato, ella no estaría donde está hoy sino fuera por los ciudadanos comunes luchando contra las grandes y dañinas empresas y pidiendo por leyes para limitar mejor los monopolios y promover genuina competencia a favor de sus labores.

Hawley es más eficiente cuando habla de sus ansiedades como padre. Como muchos de nosotros, pasa demasiado tiempo en su teléfono y dice que sus hijos lo han notado. Se angustia cuando su hijo pequeño se siente atraído por los teléfonos inteligentes y las tablets, y trata de ser más consciente del tiempo y la atención que su familia dedica a las pantallas.

No estoy seguro de que el problema del Sr. Hawley tenga mucho que ver con el poder de las grandes empresas de tecnología más que con el desperdicio general de nuestras mentes gracias a nuestro acceso constante a chismorreo. Los efectos del tiempo frente a la pantalla no son tan claros. Pero Hawley tiene algunas ideas que vale la pena escuchar: enfatice la vida real de las comunidades, no solo aquellas con las que nos relacionamos a través de las pantallas. El gobierno debería intervenir para prohibir prácticas tecnológicas como los sitios web que dejan a las personas navegar sin fin y esas recomendaciones automáticas que nos proporcionan un video luego de otro en YouTube como en TikTok.

Lectura recomendada: No entregaría el libro del senador a personas que sientan curiosidad por saber por qué pagan tanto por los medicamentos o les preocupa que sus hijos se enganchen a Instagram. En su lugar, sugeriré otras dos obras que pisan un terreno similar pero que son más breves, más legibles y ya influyen entre las personas que se preocupan profundamente por el efecto de las corporaciones poderosas en el mundo.

El libro de 2018 de Tim Wu, «The Curse of Bigness», es una historia breve, alegre y cautivadora de los monopolios estadounidenses y del riesgo que ve en las poderosas corporaciones de hoy. (¿Mencioné que es breve?) El artículo de revisión de la facultad de derecho de 2017 de Lina Khan, «La paradoja antimonopolio de Amazon», fue una bala de cañón intelectual que cuestionó décadas de desarrollo en la ley de EE. UU.

 Traducción de Juan Huaringa Marcelo.

[1] Referido como “antitrust law”, en este caso dejo el término con una traducción literal y no como “derecho de la competencia” puesto que se hace referencia expresa al derecho estadounidense y su normativa.

[2] Theodore Roosevelt, presidente de Estado Unidos entre 1901 – 1909 conocido por sus medidas reguladoras de mercado, también recordado por su frase: “habla suavemente y lleva un gran garrote” para una mirada general, revisar: https://www.whitehouse.gov/about-the-white-house/presidents/theodore-roosevelt/

[3] Una vez más dejo la traducción literal pues se entiende que el libro hace referencia exclusiva al derecho estadounidense.

[4] Podemos entender también el término en su idioma original para captar más claramente la idea que ofrece, “Bigness”.

[5] Si bien el texto original habla de “antitrust law”, la traducción correcta para nuestro lenguaje jurídico es derecho de la competencia, pues es así como le conocemos en nuestro sistema romano-germánico y no perjudica el entendimiento del texto pues la alusión es a la rama en general que estudia la competencia y sus disfuncionalidades.

[6] Una vez más traduzco antitrust law por derecho de la competencia, pues hago el parangón con la rama jurídica análoga en nuestro país/sistema.

[7] Recordemos que el derecho de la competencia estadounidense se hace llamar antitrust law, debido a razones históricas dadas a finales del siglo XIX que tiene que ver con los abusos de determinadas corporaciones llamadas “trust”. Ver Massimo Motta. Competition Policy Theory and Practice. Cambridge University Press, 2004. Entonces, en tanto que en este párrafo se hace referencia al derecho estadounidense en sí, opté por llamarlo antimonopolio y no derecho de la competencia como seria la traducción en nuestro país.

[8] He dejado el término tal cual por no encontrar un sustantivo símil que refleje la intención de la autora.

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